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Publicado el 31 de marzo de 2026 a las 12:16

Después de más de medio siglo desde la última misión tripulada, la humanidad se prepara para un nuevo capítulo en la exploración espacial con Artemis II. Sin embargo, lejos de ser un proceso lineal, el regreso a la Luna implica desafíos técnicos, riesgos y hasta la necesidad de redescubrir conocimientos del pasado.
“Cuando abandonás un proyecto durante tanto tiempo, retomarlo no es empezar de cero, pero sí implica revisar todo lo que se hizo”, explicó Carlos López, especialista y astrónomo, al referirse a las dificultades que enfrenta la NASA tras décadas sin misiones tripuladas al satélite natural.
Uno de los datos más llamativos es que, para desarrollar el nuevo cohete SLS, los ingenieros debieron recurrir a tecnología del histórico Saturno V, utilizado en el programa Apolo. “Tuvieron que ir a un museo, desarmar motores antiguos y analizar cómo estaban hechos”, señaló.
La exploración espacial nunca estuvo exenta de peligros. De hecho, las propias estimaciones de la NASA contemplan márgenes de error.
“Siempre hay un riesgo. Se habla de una posibilidad de falla de uno en cada varias decenas de lanzamientos”, indicó, recordando tragedias como la del Challenger en 1986.
En ese sentido, Artemis II marcará un punto clave: será la primera misión tripulada hacia la Luna en 54 años. A diferencia de misiones anteriores, no habrá alunizaje, sino un sobrevuelo para evaluar sistemas y obtener nuevas imágenes.
Uno de los principales intereses científicos es profundizar el conocimiento sobre la cara oculta de la Luna, una región que nunca puede observarse desde la Tierra.
“La Luna siempre nos muestra la misma cara porque su rotación está sincronizada con su órbita”, explicó el especialista, destacando que esta misión permitirá obtener una nueva perspectiva de esa zona.
A diferencia de otras pruebas, Artemis II contará con cuatro astronautas a bordo, lo que aumenta la complejidad y la importancia del operativo.
“No es un dron: hay seres humanos. Por eso cada paso se prueba cuidadosamente”, remarcó.
Entre las maniobras clave, se encuentra el acoplamiento en órbita, una técnica ya utilizada en el pasado, pero que ahora debe ser revalidada tras décadas sin uso.
Más allá del objetivo principal, el debate sobre la vida fuera de la Tierra sigue vigente. Desde una mirada científica, la respuesta es clara:
“La vida extraterrestre existe, sin duda. El problema no es si existe, sino si podemos comunicarnos”, sostuvo.
Sin embargo, las enormes distancias del universo representan una barrera casi insalvable. “Una señal puede tardar décadas en llegar y otras tantas en volver. Eso hace muy difícil cualquier contacto”, explicó.
El regreso a la Luna no solo representa un avance tecnológico, sino también un desafío histórico: reconstruir el camino perdido y proyectar el futuro de la exploración espacial. Artemis II será, en ese sentido, un paso clave para volver a mirar más allá de la Tierra.