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Publicado el 6 de junio de 2025 a las 14:23

Mientras los departamentos de Iglesia, Jáchal y Calingasta, donde están asentados los principales emprendimientos mineros de San Juan, esperan mejoras concretas, los fondos fiduciarios destinados a obras siguen sin ejecutarse. Empresarios, dirigentes y comunidades se preguntan: ¿por qué no se están utilizando los recursos disponibles?
El sector privado vinculado a la minería no encuentra respuestas claras sobre el destino de los más de 23 mil millones de pesos provenientes del sector. Y tampoco hay certezas respecto a los 40 mil millones de pesos adicionales que integran el fondo energético. La única constante, aseguran, es la falta de obras visibles en las zonas productoras.
Desde hace años, la normativa indica que estos recursos deben utilizarse para ejecutar proyectos que beneficien directamente a las comunidades donde operan las empresas mineras y energéticas. Pero hoy, ni el Poder Ejecutivo ni el Ministerio de Obras Públicas brindan precisiones sobre en qué se está gastando —o si efectivamente se está utilizando— ese dinero.
Una de las principales incógnitas gira en torno al Consejo Asesor compuesto de manera Tripartita, integrado por representantes del gobierno, de las empresas y el banco. Este órgano debería evaluar y aprobar los proyectos que se financian con los fondos fiduciarios. Sin embargo, no ha sido convocado recientemente, y su rol parece haberse desdibujado.
«Sería fundamental reactivar ese espacio. Es mas, ya existen proyectos presentados años atrás, algunos incluso financiados con estos fondos, que siguen sin avances ni explicaciones». sostuvo Gastón Sugo
La situación genera además un efecto colateral: crece la presión social por empleo, pero sin obras de infraestructura, los puestos de trabajo genuinos son cada vez más difíciles de generar. La tensión entre la disponibilidad de recursos y la falta de decisiones políticas para invertirlos se vuelve insostenible.
El silencio de los ministerios alimentan las sospechas de que detrás de esta parálisis puede haber una estrategia política o una visión que no coincide con las necesidades reales del territorio.
Mientras tanto, la incertidumbre crece. Y en los departamentos mineros, las promesas de desarrollo siguen esperando que los millonarios fondos, que ya están disponibles, se traduzcan de una vez por todas en obras concretas.