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Publicado el 1 de septiembre de 2026 a las 12:46

La última sesión de la Cámara de Diputados volvió a dejar expuestas las grietas dentro de la oposición peronista y abrió una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando un diputado justicialista termina acompañando una iniciativa del Gobierno de Marcelo Orrego?
En Es Lo Que Hay, el diputado provincial Mario Herrero fue directo al ser consultado sobre si quienes votan junto al oficialismo pueden ser considerados “traidores”.
Y eligió no comprar esa etiqueta.
“Es una palabra muy delicada”, respondió Herrero, antes de plantear que la dinámica parlamentaria no puede reducirse a una oposición automática al Gobierno.
“Ser oposición no quiere decir oponerse a todo lo que propone el Poder Ejecutivo”, afirmó.
Para el legislador, cada diputado tiene la responsabilidad de analizar los proyectos y decidir de acuerdo con su propia posición.
“Yo voy a apoyar lo que creo que le beneficia a San Juan y voy a estar en contra de lo que creo que va en contra de los intereses de la provincia”, explicó.
Pero la respuesta de Herrero tuvo una segunda parte bastante más filosa.
El diputado sostuvo que cada legislador debe responder ante el electorado que le dio los votos para ocupar una banca y defender sus posiciones con argumentos.
Por eso, para él, el problema no está necesariamente en votar a favor o en contra de un proyecto del Ejecutivo.
El límite aparece en otro lugar.
“El problema es cuando yo pulso el botón verde de voto positivo o el botón rojo de voto negativo sin convicción, sin argumento y a veces sin conocimiento”, disparó.
Y ahí llegó la definición que dejó la frase más fuerte de la entrevista:
“Ahí se está traicionando la voluntad del elector que le dio el poder para estar sentado ahí”, sostuvo.
Así, Herrero corrió el eje de la discusión: la traición no estaría determinada por acompañar o rechazar al Gobierno, sino por votar sin saber, sin argumentos o contra las convicciones propias.
La postura también busca marcar una diferencia dentro del propio peronismo.
Herrero reconoció que él mismo ha acompañado iniciativas del Poder Ejecutivo cuando consideró que eran beneficiosas para la provincia y se opuso a otras cuando entendió que no correspondían.
“Yo he votado iniciativas del Poder Ejecutivo que he considerado válidas y dignas de aprobación”, explicó.
La definición aparece en medio de una discusión más grande dentro del justicialismo sanjuanino: cómo construir una oposición que pueda diferenciarse de Orrego sin caer en el “no” automático a todo lo que venga desde Casa de Gobierno.
Y, al mismo tiempo, cómo evitar que las diferencias internas terminen debilitando todavía más a un espacio que busca reconstruirse electoralmente.
La discusión parlamentaria dejó además otra pregunta sobre la mesa: ¿cuántos diputados peronistas seguirán manteniendo una postura diferenciada del Gobierno a medida que avance la gestión?
Herrero evitó plantear una postura rígida y remarcó que existen temas en los que las diferencias pueden ser más profundas y otros en los que pueden encontrarse coincidencias.
Incluso recordó que en determinadas votaciones hubo momentos en los que solamente dos integrantes de su sector sostuvieron una posición diferente.
Para el diputado, eso no necesariamente significa que haya una traición.
Significa que cada legislador tiene que hacerse cargo del voto que emite.
Y ahí aparece el verdadero desafío para el peronismo: discutir si la identidad opositora se construye votando siempre en contra o si, por el contrario, puede existir una oposición capaz de acompañar lo que considera bueno para San Juan y rechazar lo que entiende perjudicial, aunque eso implique quedar del mismo lado que el oficialismo en determinadas votaciones.
Por ahora, Herrero parece tenerlo claro: el botón verde no convierte automáticamente a nadie en oficialista, ni el botón rojo garantiza ser un buen opositor.
La pregunta que queda picando es otra: ¿quién define cuándo un voto es convicción y cuándo es traición?