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San Juan y una pregunta que aparece en medio de la seguidilla de terremotos en América Latina: ¿puede temblar fuerte otra vez?

Publicado el 21 de agosto de 2026 a las 13:20


San Juan y una pregunta que aparece en medio de la seguidilla de terremotos en América Latina: ¿puede temblar fuerte otra vez?

Colombia sufrió el 10 de agosto un terremoto de magnitud 7,4, con epicentro en el departamento de Chocó, que dejó cientos de víctimas y graves daños en distintas regiones del país. Venezuela también atravesó recientemente una secuencia de fuertes movimientos, mientras que este jueves 20 de agosto un terremoto de magnitud 7,2 sacudió la región de Ayacucho, en Perú.

La cercanía temporal entre estos eventos generó preocupación y también especulaciones sobre si existe una conexión entre los terremotos. Sin embargo, especialistas consultados en distintos países coinciden en que no hay evidencia de que estos movimientos formen parte de una única secuencia o de que un terremoto en un país pueda “desencadenar” otro a miles de kilómetros. Se trata de eventos vinculados a una región con una actividad tectónica elevada, pero que responden a procesos geológicos propios.

En San Juan, el escenario es diferente pero la amenaza sísmica es conocida desde hace siglos. Gustavo Ortiz, geólogo, sismólogo e investigador del CONICET y la Universidad Nacional de San Juan, explicó que la provincia se encuentra en la zona de mayor peligrosidad sísmica del país.

“Terremotos vamos a tener porque ya los tuvimos en el pasado”, señaló Ortiz. Y dejó una aclaración que se repite entre los especialistas: no se puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí se conoce que la provincia volverá a atravesar un evento de gran magnitud en algún momento.

El motivo está en la configuración tectónica de la región. La placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Sudamericana en un proceso conocido como subducción. Ese movimiento es el responsable de buena parte de la actividad sísmica que se concentra a lo largo de la Cordillera de los Andes.

Pero San Juan tiene además una particularidad. Bajo la provincia y el norte de Mendoza, la configuración de la subducción es diferente a la de otros sectores del país. Allí se concentra mayor cantidad de energía y existe una mayor interacción entre las placas, lo que convierte a San Juan y Mendoza en la principal zona de peligrosidad sísmica de la Argentina.

Por eso, la seguidilla de terremotos que se observa en América Latina no significa que un terremoto en Colombia, Venezuela o Perú esté anunciando otro en San Juan. Pero sí vuelve a poner sobre la mesa una realidad conocida: la provincia está asentada sobre un territorio sísmicamente activo.

De hecho, la historia sanjuanina está marcada por grandes terremotos. El de 1944 fue el más devastador para la provincia y tuvo una magnitud cercana a 7. El de 1977, con epicentro en Caucete, alcanzó una magnitud de 7,5 y es considerado el terremoto de mayor magnitud registrado instrumentalmente en la Argentina.

Décadas después, el terremoto de 2021, de magnitud 6,4, volvió a mostrar que incluso con una sociedad mucho más preparada todavía existen construcciones vulnerables. El movimiento no dejó víctimas fatales, pero provocó el colapso de viviendas que no contaban con condiciones sismorresistentes.

Ese antecedente es uno de los principales motivos por los que los especialistas insisten en no confundir predicción con prevención. Ortiz explicó que la ciencia no puede determinar el día, la hora o el lugar exacto del próximo terremoto. Sí puede estudiar las fallas geológicas, reconstruir su actividad pasada y establecer tasas de recurrencia para conocer cuáles son las zonas de mayor riesgo.

Y allí aparece otro dato que puede resultar inquietante para los sanjuaninos: en los alrededores del Gran San Juan existen al menos siete estructuras o fallas geológicas identificadas por los investigadores. Algunas pueden observarse en superficie, mientras que otras permanecen ocultas en el subsuelo y recién pueden ser identificadas cuando producen actividad sísmica. El terremoto de 2021, justamente, permitió detectar una estructura que no había sido reconocida previamente en superficie.

Una provincia que sigue acumulando tensión

La tensión tectónica debajo de San Juan no se detiene. Las placas continúan moviéndose y acumulando energía, que eventualmente puede liberarse en forma de un terremoto.

Pero eso no significa que exista una cuenta regresiva. Ortiz rechazó la idea de que los terremotos ocurran necesariamente cada determinada cantidad de años. Hay fallas que pueden activarse después de cientos o miles de años, mientras que otras tienen comportamientos diferentes. “Una cosa es la estadística y otra cosa es la realidad”, explicó.

La propia historia de San Juan demuestra que tampoco existe un único punto donde necesariamente deba producirse el próximo gran movimiento. En 1894 el gran terremoto argentino tuvo epicentro en la zona de Iglesia; en 1944 el desastre golpeó principalmente el área de Albardón; en 1977 fue Caucete y en 2021 el epicentro estuvo en la zona de Sarmiento.

Por eso, para los especialistas, la pregunta no debería ser cuándo ocurrirá el próximo terremoto, sino qué tan preparada está la sociedad para enfrentarlo.

El terremoto de 1977 incluso produjo modificaciones permanentes en el terreno. Estudios de nivelación realizados antes y después del evento determinaron que, en sectores cercanos a Niquizanga, en Caucete, el suelo se elevó aproximadamente un metro y medio.

La reciente actividad sísmica en Colombia, Venezuela y Perú vuelve a servir como recordatorio de esa realidad. La región andina forma parte de uno de los grandes sistemas tectónicos activos del planeta y los terremotos de magnitud superior a 7 no son una anomalía en términos geológicos. Lo que cambia de un lugar a otro es la profundidad, la cercanía de las poblaciones al epicentro, la calidad de las construcciones y, en definitiva, el nivel de preparación.

En Perú, por ejemplo, el terremoto registrado esta semana fue profundo, lo que ayudó a reducir su capacidad destructiva pese a su magnitud. El movimiento fue percibido en varias regiones, pero los daños fueron relativamente acotados.

En Colombia, en cambio, el terremoto del 10 de agosto tuvo una magnitud de 7,4 y provocó una emergencia de gran escala, con cientos de muertos y miles de personas afectadas.

La diferencia muestra que la magnitud por sí sola no determina el impacto de un terremoto. La profundidad, el tipo de suelo, la distancia a las zonas pobladas y, especialmente, la resistencia de las construcciones pueden definir la dimensión de una tragedia.

En San Juan, esa experiencia ya forma parte de la memoria colectiva. El desafío ahora es que también forme parte de la preparación cotidiana.

Ante un terremoto, los especialistas recomiendan mantener la calma y resguardarse durante el movimiento, especialmente dentro de una construcción sismorresistente. La evacuación debe realizarse una vez finalizado el movimiento, evitando escaleras durante el temblor y alejándose posteriormente de postes, ventanales, objetos que puedan caer y estructuras dañadas.

Y mientras las redes sociales multiplican rumores cada vez que ocurre un terremoto en algún punto del mundo, la conclusión científica es bastante más sencilla: que haya terremotos fuertes en Colombia, Venezuela o Perú no permite anticipar que habrá uno en San Juan. Pero que San Juan sea una de las zonas más sísmicas del país sí obliga a estar preparados.


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