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Publicado el 5 de enero de 2026 a las 20:36

La situación política en Venezuela volvió a colocarse en el centro de la escena internacional tras la detención de Nicolás Maduro, un hecho que, lejos de cerrar el conflicto, abre una etapa de máxima tensión regional y global. Así lo analizó el especialista en relaciones internacionales Fernando Ocampo, quien advirtió que lo ocurrido sería apenas el inicio de una operación de mayor alcance.
Según explicó el analista, el escenario actual se enmarca en una disputa geopolítica mucho más amplia entre dos grandes bloques de poder: Occidente, liderado por Estados Unidos, y Oriente, con Rusia y China como protagonistas. En ese tablero, Venezuela aparece como una pieza clave dentro del hemisferio occidental, bajo la histórica lógica de la Doctrina Monroe, que sostiene la influencia norteamericana sobre América Latina.
Ocampo sostuvo que la detención de Maduro se inscribe dentro de una estrategia militar y política que Washington habría comenzado a desplegar hace meses, con presencia sostenida de tropas en el Caribe. A su entender, el hecho de que el Pentágono haya bautizado la operación como “Lanza del Sur” marca una decisión de avanzar sin medias tintas contra el régimen chavista.
En ese contexto, el analista fue contundente al diferenciar a Venezuela de otros gobiernos de la región. Señaló que, a diferencia de países como Brasil, Colombia o México, donde los presidentes surgieron de procesos electorales reconocidos, en Venezuela —al igual que en Cuba y Nicaragua— no existen garantías democráticas ni transparencia electoral. Por eso, afirmó que no se puede hablar de un presidente electo, sino de un régimen sostenido por el aparato estatal y militar.
La caída de Maduro, remarcó Ocampo, no implica automáticamente el fin del chavismo. Para el especialista, lo ocurrido sería apenas el “descabezamiento” de una estructura que sigue intacta. “Los venezolanos sacaron a la cabeza, pero el aparato estatal continúa funcionando de la misma manera”, advirtió, al tiempo que planteó la necesidad de una depuración completa del sistema político si se pretende avanzar hacia una transición real.
El análisis también pone el foco en los intereses económicos, especialmente el petróleo, como uno de los motores centrales del conflicto. Venezuela posee una de las mayores reservas del mundo, un dato que, según Ocampo, no puede separarse de las decisiones estratégicas que hoy toman las grandes potencias.
A nivel internacional, el especialista alertó que este movimiento podría generar efectos en cadena. Desde una posible avanzada de China sobre Taiwán hasta un recrudecimiento del conflicto en Ucrania, con Rusia buscando consolidar su influencia, el tablero global aparece atravesado por tensiones simultáneas.
Finalmente, Ocampo subrayó el costado humanitario de la crisis venezolana, que definió como el más grave del mundo en la actualidad. Más de ocho millones de venezolanos se encuentran fuera de su país, producto de la pobreza, la corrupción y el colapso institucional. Una diáspora que, lejos de resolverse, sigue impactando en toda la región.
La situación en Venezuela, concluyó, está lejos de cerrarse. La detención de Maduro sería apenas el primer capítulo de un proceso largo y complejo, cuyo desenlace aún es incierto, pero que ya reconfigura el equilibrio político de América Latina y del mundo.