La vitivinicultura sanjuanina se encamina a un proceso de reconversión estructural con la mirada puesta en 2026. El Ministerio de Producción, Trabajo e Innovación de San Juan trabaja en una propuesta integral para transformar el sector, con dos ejes centrales claramente definidos: el uso del agua y el perfil del producto vitícola que ofrece la provincia.
Así lo explicó el ministro Gustavo Fernández, quien remarcó que “vamos hacia un programa de reconversión en materia vitícola que contemple, por un lado, la tecnificación del riego y, por otro, la generación de salidas rentables para la industria a partir de una reconversión productiva con destinos vinícolas claros”.
Qué produce hoy San Juan
Entender el punto de partida es clave para pensar el futuro. San Juan tiene una matriz vitícola particular dentro del mapa nacional: el principal destino de su uva no es el vino, sino el mosto, la pasa y la uva de mesa. En números, alrededor de 200 millones de kilos de uva se destinan a mosto, 180 millones a pasas y unos 160 millones a la elaboración de vino, que recién ocupa el tercer lugar.
Esta diversificación, lejos de ser una debilidad, posiciona a la provincia para aprovechar oportunidades en distintos mercados y atender demandas específicas. Sin embargo, Fernández reconoció que “el vino hoy es el segmento más complicado”, lo que obliga a repensar estrategias de competitividad y valor agregado.
El desafío del agua: dos frentes
En materia hídrica, la reconversión enfrenta dos grandes desafíos. El primero tiene que ver con la eficiencia en la distribución del agua, una responsabilidad que recae en el Estado provincial y en el Departamento de Hidráulica. El segundo desafío es puertas adentro de la finca: mejorar la eficiencia en el uso del recurso.
Actualmente, apenas el 22% de la superficie cultivada con vid en San Juan cuenta con riego tecnificado. “No se puede pensar en una uva rentable sin una mejora sustancial en los sistemas de riego”, advirtió el ministro, quien subrayó que la magnitud de esta reconversión no puede resolverse en un solo año y requerirá políticas sostenidas, financiamiento y acompañamiento al productor.
En ese marco, el Gobierno provincial trabaja en la generación de líneas de crédito específicas para impulsar la tecnificación, con el objetivo de acelerar la adopción de tecnologías que permitan ahorrar agua, mejorar rendimientos y sostener la producción en un contexto de escasez hídrica.
Reconversión productiva y tecnológica
La propuesta oficial se apoya en un diagnóstico que muestra una vitivinicultura en transformación. San Juan presenta una producción diversificada, con variedades tintas como Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Tannat y Tempranillo, y blancas como Chardonnay, Pinot Gris, Viognier, Sauvignon Blanc y Semillón.
En paralelo, la cadena del mosto se consolida como uno de los pilares del sector, con más de 201 millones de litros elaborados, una capacidad evaporativa de 55.000 toneladas y exportaciones que superan las 31.000 toneladas, principalmente a Brasil y Estados Unidos.
A esto se suma el crecimiento de nuevas etiquetas, el aumento de bodegas boutique, el desarrollo de zonas productivas emergentes y condiciones climáticas favorables para la producción orgánica, además de oportunidades complementarias como el enoturismo.
Uno de los ejes centrales de la reconversión es la varietal: se estima que unas 21.800 hectáreas son aptas para injertación, una estrategia que permite reducir costos frente al recambio total de plantas, acelerar los tiempos productivos, mejorar la uniformidad del viñedo y aprovechar el sistema radicular existente.
En términos tecnológicos, el plan contempla una reconversión integral que incluye riego eficiente y generación de energía solar, con una superficie estimada de casi 31.000 hectáreas a intervenir bajo un paquete tecnológico moderno.
Mirada al mercado y al futuro
El complejo vitivinícola sanjuanino muestra potencial de expansión en mercados externos como Brasil, Estados Unidos, Colombia, Perú, Rusia y países europeos, además de mercados emergentes como India y China. En el plano interno, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe siguen siendo los principales centros de consumo.
El desafío central, hacia 2026, será aumentar la productividad, mejorar la sanidad del cultivo y adecuarse a las exigencias del mercado internacional. En ese camino, San Juan busca capitalizar sus ventajas competitivas: baja humedad ambiental, alta radiación solar y una larga experiencia productiva que ahora apunta a una reconversión profunda y sostenida.